Es un mito que las personas con síndrome de Down (SD) son “niños eternos” incluso en la adultez o que sus habilidades sociales son escasas; aunque las adquieren en diferentes tiempos, las desarrollan de manera similar a como lo hacen personas sin esa condición, indicó Beatriz Castillo Ignacio, profesora de la Facultad de Psicología (FP). 

La académica señaló que, a fin de promover su integración en sus comunidades, la familia es clave. Sin embargo, es donde se les suele limitar por el afán de protegerlos, cuando lo adecuado es apoyar su progreso. Para la maestra en Neuropsicología resulta crucial promover las habilidades sociales (o capacidades interpersonales para relacionarse con los otros), ya que en las poblaciones con SD suelen ser indicadores de su salud mental.

De hecho, añade, hay estudios que señalan que los cambios en la sociabilidad apuntan a fases tempranas de declive cognitivo, o que un bajo apoyo social puede conducirlos a trastornos internalizados, como la depresión.

 “Por ello, a fin de fomentar su integración en la comunidad, es importante definir un rol para la persona con discapacidad al interior del hogar. Además, no debemos sobreprotegerlos: ello equivale a decir que el sujeto con síndrome de Down no tiene capacidad para elegir y a negar la perspectiva que pueda tener sobre su propia vida”.

Por AAM

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